El encuentro que enfrentará el domingo al Colunga y al Praviano en el Grupo II de Tercera Federación, quinta categoría del fútbol español, con ambos equipos ya salvados, no pasaría de lo meramente testimonial si no fuera por un nombre propio: el de Ángel Mateos.
A sus setenta años el arquero se pondrá bajo la meta del Colunga con "un cosquilleo" y como "si debutara de nuevo", volviendo al fútbol federado al que dijo adiós hace casi tres décadas, siempre en Asturias, en el norte de España: "En mayo del 98 más o menos lo dejé. Fue un partido con el Candás, jugamos en Turón y ganamos 3-1. Recuerdo que mis compañeros me sacaron a hombros del campo. Tengo por ahí todavía algunas entrevistas de aquel partido".
"Jugué en categoría nacional toda la vida, llegué a jugar en Segunda B (tercer escalón del balompié español). Siento un cosquilleo, como si debutara de nuevo ya hace casi 50 años con el Turón en Getxo (País Vasco). Es un homenaje a una trayectoria deportiva que me hace el fútbol asturiano", explica a EFE en los días previos al encuentro.
Mateos, que empezó a los diez años, nunca se ha ido del todo y ha seguido deteniendo balones con los veteranos del Turón o en la Liga de Empresas (aficionados) ayudado por una carrera sin accidentes, ni en el campo ni en la mina en la que trabajó durante un cuarto de siglo.
"Creo que la minería es el trabajo más duro que hay. Es un tema muy difícil, muy complicado. Ves cosas que no se ven en otros trabajos y te hace mucho más fuerte. Yo entraba a trabajar a las 6 de la mañana (4 GMT), salía a las 13.00 horas y a las 16.00 iba a entrenar. Para mí entrenar era pasarlo bien", resume sobre la exigente profesión que marcó la vida de muchos habitantes en esa región norteña en los siglos XIX y XX.
"Cuando empecé, un portero que tuviera unos guantes de lana era un privilegiado. Había que parar a pelo. Cambió mucho todo en todos los aspectos, en el deportivo, en el material", indica quien ha recibido "muchos mensajes y muchas llamadas" de gente dándole la enhorabuena, hasta el punto de agotársele la batería de su teléfono celular.
Nadie, sin embargo, está más contento por la noticia que su nieto de diez años: "Está casi más motivado que yo por verme. Cuando le dijimos que seguramente reaparecería otra vez... es una ilusión muy grande. El domingo seguramente estará ahí viéndome, está esperando ese momento".
Su participación en el encuentro del domingo será el colofón a una idea nacida en el club, cuyos actuales responsables juegan los martes con él de manera informal y se lo propusieron: "Les dije que fuéramos poco a poco y que si el equipo estaba salvado al final de temporada y la cosa iba bien, lo hablábamos. El Colunga y el Praviano están salvados, no hay ningún problema. Yo era el primero que decía que si la cosa era complicada y perjudicábamos a terceros no lo íbamos a hacer".
"Sí, me veo capaz de hacer lo que se le pide a un portero de Tercera RFEF, a veces entreno con ellos. No soy muy alto, de los clásicos porteros de la época mía que medíamos 1,71 o 1,72 y éramos rápidos, ágiles. Tengo el mismo peso que cuando tenía 18 años y estoy muy bien físicamente, hice deporte toda la vida y me mantengo en forma. Nunca fumé, nunca bebí", subraya.
Lo que aún no está claro es cuánto jugará, según afirma Efrén Díaz, entrenador del Colunga: "La idea es que juegue un ratito, no sabemos todavía cuánto. Lo hablaremos con él, a ver qué tal se encuentra, y con el equipo también. La edad ahora cada vez son más números que otra cosa".
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